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¿A qué época se remonta la presencia

humana en la Argentina?  

Por Gustavo G. Politis - Facultad de Cs. Sociales (Olavarria, Prov. Buenos Aires, Argentina) Universidad Nacional del Centro. Publicado originalmente en la revista Ciencia Hoy Vol1 N° 2 .

 

Desde una posición extrema que llegó a sostener el mismo origen de la humanidad en la pampa, se pasó luego, como contrapartida, a creer que el poblamiento de América era un fenómeno relativamente reciente. Hoy, a la luz de nuevos hallazgos arqueológicos, se ha replanteado también la última postura; en la Argentina, las evidencias demuestran que en algunos casos, como el de las llanuras bonaerenses, el hombre coexistió hace milenios con una fauna extinguida, que en parte explotó para su supervivencia. Cuando a fines del siglo pasado el célebre investigador Florentino Ameghino propuso que la cuna de la humanidad se encontraba en la pampa argentina, la atención de la comunidad arqueológica mundial se volcó sobre la región. ¿Era posible que, contrariando a la mayoría de los hallazgos de la época, los fragmentarios cráneos y otros restos óseos exhumados en la llanura pampeana pertenecieran a los primeros hombres que poblaron el planeta? El cúmulo de información expuesta por Ameghino era importante y mereció una discusión internacional. De esta manera, en 1910 llegó a la Argentina el paleoantropólogo (especialista en la evolución biológica del hombre) Ales Hrdlicka, de la Smithsonian Institution de Washington; luego de un rápido análisis de los materiales y de las evidencias presentadas por el científico local, destruyó las propuestas del mismo, concluyendo además que no había razón para creer que el hombre en América del Sur tuviese más que unos pocos milenios de antigüedad. Tampoco era probable, según su opinión, que hubiera convivido con los grandes mamíferos del Pleistoceno. La contundencia del modelo del prestigioso Hrdlicka, excelentemente presentado en su EARLY MAN IN SOUTH AMERICA (1912), no sólo derrumbó las hipótesis ameghinianas, sino que condujo al abandono de la búsqueda sistemática de rastros de los primeros americanos en las pampas argentinas junto con Ameghino, toda una línea de investigación fue condenada al descrédito. Los enigmáticos hallazgos de bolas de boleadoras y otros artefactos aparentemente muy antiguos, que entre 1910 y 1930 efectuó el aficionado Lorenzo Parodi, en las barrancas de Miramar (partido de General Alvarado, provincia de Buenos Aires), fueron sospechados de fraude y con ellos se fue diluyendo la idea de un poblamiento muy remoto de la región. Sobre la base de múltiples métodos de datación del pasado con que ahora se cuenta, la cronología actualmente propuesta para el poblamiento de América es bastante distinta de la que hace casi un siglo suponía Ameghino. Hoy, una gran cantidad de hallazgos arqueológicos apoya la hipótesis de que el hombre llegó a este continente, cruzando el estrecho de Behring, entre Siberia y Alaska, hace 20 o 30 mil años. Incluso los recientes hallazgos efectuados por Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, en el sitio de Monte Verde (Chile) y por Niede Guidón, de l'Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales, en el estado de Piauí (Brasil), han dado fechados que remontarían el poblamiento de América del Sur hasta casi 35 mil años atrás. Sin embargo, y a pesar de sus exageraciones cronológicas, varias de las hipótesis de Ameghino han vuelto a considerarse seriamente. Por un lado, el descubrimiento en 1927 de puntas de proyectil clavadas en huesos de bisontes extinguidos en Folsom (Nuevo México, EE.UU.), llevó a que se aceptara que efectivamente el hombre había coexistido con especies animales extinguidas en América del Norte. Poco después, el arqueólogo norteamericano Junuis Bird encontró en el otro extremo del continente, en cuevas de la patagonia chilena, otras puntas de proyectil, asociadas con restos de caballo americano y de milodonte, ambos también extinguidos. Por otra parte, algunas de las mismas evidencias presentadas por Ameghino, como el cráneo humano denominado por él como Diprothomo recuperado a casi 15 m. de profundidad durante la construcción del puerto de Buenos Aires, o el "esqueleto de Fontezuelas" hallado en el interior de la caparazón de un gliptodonte, no se explicaban dentro del modelo de Hrdlicka de poblamiento de América en épocas post-glaciales.

Las Extinciones Pleistocénicas
La primera parte del período Cuaternario, el Pleistoceno ha sido caracterizado como la época de las glaciaciones, es decir por el avance de grandes masas de hielo sobre los continentes debido a un descenso de las temperaturas del planeta. El comienzo de esta época ha sido estimado entre dos y dos millones y medio de años, mientras que su finalización llegaría hasta hace diez mil años. Esta última fecha, convencionalmente aceptada por los investigadores de distintas disciplinas, marcaría el fin de la última glaciación y el paso hacia las condiciones climáticas más benignas que caracterizan al período posterior en el cual aún nos encontramos: el Holoceno o Reciente. Durante el Pleistoceno se produce en África el origen y la dispersión del género humano, como resultado de un proceso de hominización que habría comenzado algunos millones de años antes. Esta época tuvo además una fauna característica, cuyos representantes más conspicuos se extinguieron abruptamente en América en el lapso que media entre los 12.000 y 8.000 años antes del presente.   
En América del Sur, la fauna del Pleistoceno incluía algunos representantes nativos, aquellos que se habían originado y desarrollado por decenas de millones de años en el subcontinente, junto a otros "recién llegados"  provenientes de América del Norte, cuando en la época anterior, el Plioceno, se formó el istmo de Panamá. Entre los primeros se encuentran los perezosos terrestres como el megaterio, el milodon y el glosoterio, los gliptodontes, lejanos parientes de los armadillos actuales, el toxodonte, un gran mamífero parecido al hipopótamo y la macrauquenia. Entre el segundo grupo se destacan tanto especies extinguidas (caballos americanos, mastodontes y tigres "dientes de sable") como vivientes (zorros, pumas, guanaco, venados y ciervos). Gran parte de esta fauna desapareció hacia fines del Pleistoceno debido probablemente a los drásticos cambios climáticos que se produjeron durante esta época. Sin embargo, en América del Norte la presencia recurrente de huesos de mamut y bisonte extinto en los sitios arqueológicos más antiguos llevó a pensar que la presión de caza de los primeros pobladores americanos podría haber causado, junto a otros factores, la extinción de estas especies. En América del Sur, varios sitios presentan también huesos de caballos americanos, lo que plantea la posibilidad de que el hombre también haya contribuido de alguna manera a la desaparición de estas especies. años en el subcontinente, junto a otros "reciénllegados"  provenientes de América del Norte, cuando en la época anterior, el Plioceno, se formó el istmo de Panamá. Entre los primeros se encuentran los perezosos terrestres como el megaterio, el milodon y el glosoterio, los gliptodontes, lejanos parientes de los armadillos actuales, el toxodonte, un gran mamífero parecido al hipopótamo y la macrauquenia. Entre el segundo grupo se destacan tanto especies extinguidas (caballos americanos, mastodontes y tigres "dientes de sable") como vivientes (zorros, pumas, guanaco, venados y ciervos). Gran parte de esta fauna desapareció hacia fines del Pleistoceno debido probablemente a los drásticos cambios climáticos que se produjeron durante esta época. Sin embargo, en América del Norte la presencia recurrente de huesos de mamut y bisonte extinto en los sitios arqueológicos más antiguos llevó a pensar que la presión de caza de los primeros pobladores americanos podría haber causado, junto a otros factores, la extinción de estas especies. En América del Sur, varios sitios presentan también huesos de caballos americanos, lo que plantea la posibilidad de que el hombre también haya contribuido de alguna manera a la desaparición de estas especies.

 

 

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